MALTRATO
INFANTIL
(por Psicóloga Norelis Bolívar)
Cuando se habla de violencia infantil, debe considerarse
que es un problema de dimensiones importantes y generalizado, que se encuentra
en todas las esferas de la vida social. Con frecuencia es posible ubicar su
origen en los sectores sociales menos favorecidos, donde el contexto educativo
formal, priva de una mayor consciencia de la estructura ciudadana. Nadie puede negar los efectos negativos para
los hijos de las mujeres que alcanzan la maternidad en contextos violentos. Sin
lugar a dudas, en corto tiempo, los niños también engrosarán la estadística de
vivencias con maltrato y picos de violencia directa.
La Organización Mundial de la Salud, al pronunciarse
acerca de la violencia contra los niños, enfatiza que se trata de uno de los
problemas de salud más importantes por su creciente incidencia en el aumento de
la mortalidad infantil. Esto supone un estado de sometimiento a los más débiles,
atentados contra su dignidad, supresión de derechos o discriminación
intrafamiliar, en medio de la situación que es enmascarada por argumentos de
amor y filiación.
Es necesario destacar, que los malos tratos físicos o
emocionales, estancan el desarrollo evolutivo, emocional, cognitivo y social de
los menores; al ser testigos de los despiadados tratos, que algunos miembros de
su familia ofrezcan hacia sus hermanos y a ellos mismos. Por lo que se
convierte en un problema cíclico transgeneracional que perpetúa los
comportamientos violentos, en la línea familiar.
Una forma de maltrato infantil crece en las instituciones
con carácter asistencialista, cuando les anima una misión y visión, desvirtuada
por la calidad de atención y los servicios que verdaderamente, llegan hasta los
niños.
En 1997 se generó un acuerdo de la Unión Europea, al cual
se suscribieron los países latinoamericanos para recoger, elaborar y publicar
anualmente los datos sobre la violencia contra las mujeres y sus descendientes,
en cada uno de los países miembros. Para ello, se valdrían de la recogida de
datos a partir de las denuncias oficializadas en las comisarías, los juzgados y
los hospitales, a fin de unificar criterios estadísticos para abordar con
eficacia la problemática en los sectores vulnerables. De esa forma coadyuvar en
la prevención del maltrato infantil.
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