Adolescencia: Es la
etapa de transición en el desarrollo que se da entre la niñez y la adultez,
caracterizada por cambios biológicos y psicológicos. Los principales cambios
físicos que se producen son un rápido aumento de estatura y peso, cambios en
las proporciones y la forma corporales (debidos a la maduración de los órganos
reproductivos y al desarrollo de las características sexuales primarias y
secundarias), y el logro de la madurez sexual.
Los cambios
psicológicos más importantes son los signos de autonomía (manteniendo sin
embargo los lazos que los unen a sus padres y familiares), distanciamiento de
los adultos que hasta ahora influían de manera importante en su vida, excesiva
preocupación por la apariencia física, egocentrismo, búsqueda de identificación
con su grupo de pares, rebeldía, entre otras. Se considera que su comienzo se
da en la pubertad, aproximadamente a los 12 años y suele extenderse hasta el
comienzo de los 20 años. De acuerdo con la teoría de las etapas cognitivas de
Piaget, los adolescentes se encuentran en la etapa de las operaciones formales,
caracterizada porque la persona puede pensar en términos abstractos, lidiar con
situaciones hipotéticas y pensar en una diversidad de posibilidades.
En resumen, en la
adolescencia los cambios físicos son rápidos y profundos; llega la madurez
reproductiva; la búsqueda de la identidad es central; los grupos de pares
ayudan a desarrollar y probar el autoconcepto; se desarrollan la habilidad para
pensar de manera abstracta y usar el pensamiento científico; y el egocentrismo
adolescente persiste en algunos comportamientos.
Fábula personal en
la adolescencia: según Elkind, es la convicción que tienen los adolescentes de
que son especiales, que su experiencia es única, y que no están sujetos a las reglas
naturales que gobiernan al resto del mundo. Este pensamiento egocéntrico explica
muchos de los comportamientos autodestructivos o lesivos de los adolescentes
que creen que están mágicamente protegidos del daño y el peligro.
Según la teoría
psicosocial de Erikson, las metas básicas del desarrollo en la adolescencia son
dos:
1) Mantener las
defensas yoicas frente a la intensidad instintiva creciente, pero investida
ahora de un aparato genital maduro y un poderoso sistema muscular.
2) Aprender a
consolidar los logros relativamente libres de conflicto y resintetizar las
identificaciones infantiles de una manera única, pero en concordancia con las
leyes sociales.
Los adolescentes se
encuentran en la quinta crisis del desarrollo de la personalidad: Identidad versus
Confusión de identidad, en la que deben determinar un sentido propio de sí
mismos. La virtud característica es la fidelidad. / Para Freud, los cambios fisiológicos
de esta etapa vuelven a despertar la libido; el deseo sexual de la etapa fálica,
reprimido durante la latencia, resurge ahora y se canaliza de maneras socialmente
aceptadas (relaciones heterosexuales con personas afuera de la familia).
Según el
psicoanálisis hay una reacción adaptativa de la adolescencia: además de los
duelos por los que pasa el adolescente, éste oscila también entre estallidos de
independencia y necesidades de sumisión. La síntesis sólo se dará cuando pueda
captar globalmente lo que Fairbairn llama “dependencia adulta”, y que implica
una clarificación y una capacidad depresiva para distinguir entre Yo y objeto.
Entre tanto el adolescente vive esta situación en términos antitéticos y esquizofrénicos.
Uno es el niño dependiente y otro, total y monolíticamente distinto, cuando
estalla en una pseudorebelión.
La consecuencia de
estas disociaciones es que, frecuentemente, y en razón también de las
disociaciones transitorias y circunstanciales, el adolescente parece actuar
como varios personajes diferentes. El logro de la unidad central de monitoría y
organización para conseguir una identidad sólida constituye una de las metas de
la “reacción adaptativa de la adolescencia”. El duelo por el mundo, y la
subsiguiente sensación de descontrol, empujan al adolescente a buscar cambios
aloplásicos (v. Mecanismos de defensa) en el mundo que lo rodea. Estos cambios
se producen a través de intelectualizaciones que conciernen teorías abstractas
sobre la sociedad, Dios, el papel de los padres, el sexo, etc. El adolescente,
empero, está en un estadio intermedio. De las soluciones infantiles de juego y
aprendizaje tiene que pasar a cambios directos por medio de la acción concreta.
Frente a las contradicciones, el adolescente se retrae hacia sí mismo, hacia un
mundo de omnipotencia narcisística que puede constituir una plataforma de
lanzamiento para establecer nuevas conexiones libidinales, interpersonales y
sociales.
Síndrome normal de
la adolescencia: descrito por Knobel, consta de diez características: tendencia
grupal; necesidad de intelectualizar y fantasear; crisis religiosas con oscilaciones
entre ateísmo y misticismo; desubicación transitoria con predominio del proceso
primario en el pensamiento; evolución sexual manifiesta (de autoerotismo a
genitalidad heterosexual adulta); actitud social reivindicatoria con tenden
cias antisociales; contradicciones en la conducta y acting; separación
progresiva de los padres; fluctuaciones del humor y del estado de ánimo; y
búsqueda de sí mismo y de la identidad. Con respecto a esto último, valdría la
pena utilizar el término identidades, puesto que en el comienzo de la
adolescencia se está lejos de la creación del sentimiento interno de mismidad y
de continuidad; de la unidad del individuo sentida por el individuo y avalada
por los demás, que constituye la identidad lograda. Se habla de identidades ocasionales
o circunstanciales.
Norelis Bolívar (Psicóloga)
Cel: +58-424-355.09.86

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